Con el paso de los años, he llegado a la conclusión de que el hábito de la lectura y las relaciones personales tienen situaciones similares: en las dos podríamos identificar cuando empezaron, cuando llegó ese interés por conocerse más. Tienen en común también que podemos recordar momentos de aprendizaje y crecimiento. Son las temporadas que todo va bien. De igual manera, la lectura, también está sujeta al gran peligro que tienen todas las relaciones personales: el riesgo de enfriarse y también el de perderse por completo.
Para un hábito de lectura no basta con dedicarle cinco minutos los domingos en la noche. Tener mucho trabajo o estar muy cansado tampoco justifica la falta en reservar tiempo para ella. Las excusas siempre estarán a la orden del día: “Estoy leyendo artículos muy importantes en internet”, “En Twitter, solo sigo a cadenas de noticias y de información en temas importantes”, “No eres tu, soy yo”.
Mi relación con la lectura inició durante mi época de estudiante universitario. En esa etapa empecé a adquirir el hábito de la lectura (el del estudio nunca se me dio). Al avanzar en lecturas un autor comenzaría a gustarme mas que los demás, su nombre es Eduardo Mendoza. Él es un escritor extraordinario, maestro de la narrativa y genio en combinar el buen humor con el drama, la realidad con la ficción.
La historia con Él empezó con su libro Sin noticias de Gurb. Años mas tarde leería El asombroso viaje de Pomponio Flato, El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras. Con el libro de La verdad sobre el Caso Savolta descubriría su faceta de autor de drama.
También tuve la oportunidad de leer El último trayecto de Horacio Dos (en 2010) y La ciudad de los Prodigios (en 2011).
Ahora en 2013 tenía en mis manos, después de casi dos años, una nueva novela de Eduardo Mendoza, titulada: Riña de Gatos.
¡Nada podría ser mejor!... ¿O no?
En la historia narrada en el libro Riña de Gatos, el personaje principal, Anthony Whitelands, es un inglés que se encuentra en la encrucijada de la ciudad de Madrid del año 1939: justo antes de estallar la Guerra Civil española. Anthony viaja atraído por el canto del sirena de lo que podría ser su mayor logro profesional. Pero lejos de convertirse en la mayor alegría, se desencadenan una serie de eventos que convierten en un calvario su decisión de viajar a Madrid.
Algo parecido me sucedió al leer este libro.
Tenía frente a mi un nuevo libro de mi autor favorito. La lógica dictaba que sería devorado en cuestión de días, que los desvelos por terminarlo serían devastadores…
No fue así.
Tardé casi dos meses en terminar de leerlo. Tardanza que nada tiene que ver la calidad de la obra. El libro es extraordinario. Superando incluso las siempre altas expectativas que me pongo al empezar la lectura de un libro de Eduardo Mendoza.
¿Entonces? ¿Por que tanto drama en terminar un libro que de ordinario te pone de buen humor?.
La respuesta a esa pregunta tiene su raíz en lo que he planteado al inicio de esta entrada: la lectura, como las relaciones personales, se mantiene viva con el trato de todos los días. Y si esa llama no se mantiene encendida, el hábito se enfría. A pesar de “escapadas románticas de fin de semana”, de traerlo siempre todos los días en mi portafolio; la lectura no avanzaba.
Eventualmente entendí la realidad: estaba perdiendo el gusto por leer. Tendría que hacer un paro total en el tiempo dedicado a las redes sociales y dedicar todo el tiempo posible la lectura. Gran alegría fue descubrir que la satisfacción en leer sigue en su lugar, solo faltaba desempolvarla un poco.
Así como en Riña de Gatos, descubrí que a veces las cosas solo necesitan un agente externo para desencadenar una revolución.
¡Saludos!
Ficha técnica
Título completo: Riña de gatos, Madrid 1936
Autor: Eduardo Mendoza
Editorial: Booket
Año: (Cuarta impresión) 2012
Páginas: 427
ISBN: 978-84-08-10562-6
La reflexión que compartes fue como un abrazo intelectual.
ResponderEliminarMe fascina la capacidad que tienes para profundizar en esta analogía y a la vez sorprenderme con una nueva perspectiva de un libro que para mí ya era conocido.
Me alegra muchísimo tu decisión de haber puesto pausa temporal a tu vida online a favor de la lectura.
A veces, como tú bien dices, lo único que necesita un hábito es espacio para respirar.
También, me sigue emocionando que nuevamente, una entrada de tu blog es para un libro que yo llevé a tus manos.
Me anima a seguir fomentado mi propio hábito de lectura para encontrar joyas como ésta y poder compartirlas juntos.
Gracias por compartir tu aprendizaje… ya extrañábamos las entradas de tu blog :)
Pili:
EliminarGracias por mantener actual y fresca mi selección de lectura. Gracias por recibir con alegría estas entradas.
Espera más revisiones de libros que me has dado. Una pista: La siguiente no es para tipos débiles.
¡Saludos!
1. Ya te habías tardado, se extrañaban tus entradas en el blog.
ResponderEliminar2. Tengo ya tiempo que me pasa más o menos lo mismo, la cantidad de tiempo que le invierto a las redes sociales vs la lectura es totalmente desproporcionada, pero estoy tratando de revertirlo otra vez. El problema es que el libro que estoy leyendo ahorita está del nabo pero yo soy de esos que una vez empezado el libro lo tengo que acabar, sólo que éste resultó ser un libro de 1,100 páginas!!! Ha sido un suplicio pero ya casi lo acabo...
Juan Pablo:
EliminarMuchas gracias por el comentario. Tus porras siempre son muy agradables de recibir. ¿Cual libro estás leyendo? Seguro no puede ser tan pesado como el Paraíso Perdido.
¡Saludos!